Renacer por Flor: La medicina que brota en el barro del Chaco Salteño
Carlos MontaldoQuienes siguen día a día Mundo Emergencias Noticias saben que nuestro eje central es la cobertura rigurosa de emergencias, crisis sanitarias y desastres naturales. Sin embargo, estamos convencidos de que la crónica de un evento crítico está incompleta si no se visibiliza el día después y, sobre todo, a quienes tienden la mano en el momento más oscuro. Si uno analiza en profundidad la gestión de cualquier catástrofe o situación de extrema vulnerabilidad, se vuelve evidente que la solidaridad siempre acompaña a la emergencia. Cuando la naturaleza pone un freno o un contexto social colapsa, la magnitud del impacto deja a personas, comunidades enteras y animales en un estado de absoluta necesidad.
Por este motivo, inauguramos de manera oficial un espacio dedicado exclusivamente a promover y poner en valor el trabajo de diversas ONG y personas solidarias que se convierten en el apoyo fundamental para resolver aquello que parece devastado. En esta primera entrega, nos adentramos en el monte profundo del norte argentino para conocer de cerca a LAWHO, una organización que transforma la medicina asistencial en un puente de dignidad para las comunidades del Chaco Salteño.

Hay entrevistas que no se sienten como tales. Son, más bien, un encuentro entre mates, miradas cómplices y el recuerdo compartido del viento norte, el polvo y esos caminos imposibles del norte argentino. Hoy nos sentamos a charlar con la Doctora Elizabeth "Eli" Macedo, médica clínica (matrícula provincial 35.826) y coordinadora de LAWHO. Quienes compartimos alguna vez un operativo de ayuda humanitaria sabemos que en el monte la formalidad se queda en la ciudad; por eso, esta charla fluye desde la empatía de saber lo que significa poner el cuerpo en el terreno.
El despertar de la vocación y el origen
Eli, los que conocemos tu trayectoria sabemos que naciste en Frías (Santiago del Estero), te formaste en Córdoba y hoy laburás en un centro de alta complejidad en la capital cordobesa. Pero tu mirada y tu corazón están puestos en el monte salteño. ¿Cómo fue ese quiebre? ¿Qué te impulsó a dejar la comodidad de la ciudad y meterte de lleno en el Chaco Salteño?
Dra. Elizabeth Macedo: (Sonríe) Mirá, yo creo que en el fondo de todo médico siempre hay un trasfondo de vocación de servicio, ese deseo de ayudar desde el lugar de todos los días. Pero al Chaco Salteño llegué porque fui llamada por la Fundación Cultura Nativa. Me invitaron a formar un grupo de médicos para dar asistencia en comunidades postergadas y se transformó en un proyecto familiar. Mi marido, Nacho, me re apoyó. Lo primero que le dije fue: "Llevame hasta ahí, quiero saber de qué se trata".
Y te soy sincera, la primera experiencia no fue linda, no me sentí bien. Había demasiadas necesidades, es un lugar inhóspito. Encima llegamos en época de lluvia, con caminos intransitables donde te daba un miedo bárbaro quedarte con el auto o poner en riesgo la vida de nuestro hijo Vicente, que tenía menos de un año. Fue conocer el monte con toda su gracia. Pero al volver, nos encendió ese deseo de decir: "Che, hay que hacer algo, tenemos todas las herramientas para ayudar, no nos podemos quedar de brazos cruzados".
Te entiendo perfectamente, Eli. A los que fuimos nos pasa lo mismo: el Chaco Salteño real te genera dos cosas; o decís "esto no es para mí y no vuelvo más", o te pasa lo que nos pasó a nosotros, que sentís que esa semillita de la solidaridad te quema por dentro y te compromete a volver. Celebro un montón que hayas tomado esa decisión. Contanos, ¿por qué eligieron el nombre LAWHO para la ONG? Sé que hay una historia hermosa y muy emotiva detrás.
Dra. Elizabeth Macedo: Sí, es una historia que nos marcó a todos. En los operativos anteriores habíamos conocido a Florencia, una nena wichí de cinco años que había nacido con piebot congénito. La mamá y la abuela nos pidieron ayuda y logramos traerla a Córdoba para que los traumatólogos la operaran. Flor vivió tres meses en mi casa, fue una hija más para nosotros. Fue un aprendizaje mutuo enorme entre dos culturas. La cirugía fue un éxito, ella volvió a su comunidad, pero lamentablemente, por cuestiones que nunca supimos bien (creemos que una sepsis), Flor falleció en octubre de 2023.
Justo en ese momento estábamos abriendo nuestro propio camino como ONG. Busqué cómo se decía "flor" en idioma wichí y es Lawho. De todos los significados que tiene, me quedé con el bíblico: renacer, ser fructífero. Era exactamente lo que estábamos viviendo como equipo: decidir renacer frente a las adversidades en homenaje a ella.

El desafío en el territorio y la comunidad
Qué fuerte... Decidieron renacer por Flor. Qué motor tan noble. Ahora, metiéndonos en el barro, Santa Victoria Este presenta realidades durísimas. Más allá de lo médico, ¿cómo fue el proceso de ganarse la confianza de las comunidades wichí y chorote? Porque romper la barrera del idioma y la cultura no es moco de pavo.
Dra. Elizabeth Macedo: Lo que marcó la cancha ahí fue la constancia. El ser constantes, ir año tras año, que nos vean la cara seguido y nos conozcan. En la ciudad trabajamos muy automatizados, pero la idea al llegar al monte es bajar un cambio. Lo cultural te lo exige.
Nosotros sentimos que, más allá de un analgésico o un antibiótico, lo que llevamos es dignidad, el atender amablemente. Nos tomamos el tiempo para escuchar, para entender qué les pasa. En los operativos nos ponemos un límite diario de pacientes; no buscamos atender en cantidad, sino darle a cada uno calidad y una escucha atenta. Y claro, trabajamos siempre con un facilitador de la comunidad que habla el idioma, nos ayuda a traducir y hace que confíen.
Totalmente, la combinación perfecta: constancia y saber escuchar. Es la única forma de que te abran la puerta. Eli, describinos el día a día cuando están allá. Las jornadas son matadoras y el clima te recibe con 45 grados de polvo o con tormentas que te borran los caminos. ¿Cómo es un día en el monte profundo?
Dra. Elizabeth Macedo: ¡Es intenso! (Risas) Primero nos hacemos 1.500 kilómetros desde Córdoba en un viaje de más de 24 horas que partimos en dos. Hacemos base en Santa Victoria Este y de ahí, a levantarse al alba, bien tempranito, para entrar a las comunidades. Gracias al Ministerio de Salud de Salta contamos con camionetas 4x4 y choferes que son unos genios, conocen el monte como nadie; sin ellos no haríamos nada.
Viajamos 40 u 80 kilómetros por huellas imposibles hasta la comunidad del día. Paramos en las escuelas y ahí, con mucha imaginación, armamos consultorios improvisados. Llevamos aparatología para hacer exámenes completos (clínicos, cardiológicos, ginecológicos) hasta hacen muestras de laborarios que viajan en avíanes livianos desde Santa Victoria hasta Córdoba y en 24 horas tienen los resultados, porque la idea es resolver el problema ahí mismo. Derivar a un paciente originario a Tartagal (a 180 km) o a Salta (a 530 km) es complejísimo, los desarraigás de su entorno. Por eso planeamos los viajes estratégicamente en mayo/junio o septiembre/octubre, para esquivarle a la época de lluvias.

Gestión, logística y tecnología
Me consta el equipamiento que llevan, arman consultorios por especialidad de en medio de la nada. Una de las grandes críticas al voluntariado es que a veces falta continuidad, ustedes y otras ONG trabajan con el sistema SAFESA de historia clínica digital en pleno monte. ¿Cómo les cambió la forma de laburar?
Dra. Elizabeth Macedo: Fue un golazo de gran ayuda. Nos permite tener el registro cronológico del paciente a lo largo del tiempo. Así no malgastamos recursos, ya sabemos qué se le hizo. Y lo mejor es que es un sistema provincial unificado: si ese paciente que vimos en el monte tiene que ir a Salta capital, el médico del hospital puede entrar al sistema y ver exactamente lo que nosotros le diagnosticamos o le medicamos en el terreno.
Hermoso, telemedicina real y conectividad con sentido social. Ahora, la pregunta del millón, porque sostener esto a pulmón es durísimo. ¿Cómo hacen con los insumos y qué es lo que más necesita LAWHO hoy para asegurar el próximo viaje?
Dra. Elizabeth Macedo: Todo es a pulmón, pero por suerte armamos una red linda. Coordinamos con el Ministerio y con otras ONG (como Amtena) para alternar los viajes y no solaparnos. Los laboratorios nos donan medicamentos y gracias a eso dejamos tratamientos crónicos para seis meses o un año. Nos prestan ecógrafos y ustedes, los de Salva Corazones, nos salvan con el electrocardiógrafo.
Somos muchos eslabones: nosotros ponemos el tiempo, otros ponen tecnología. Hoy lo que más necesitamos, de manera puntual, es donación de dinero para el combustible. Los viajes son larguísimos y mover las camionetas en ese terreno cuesta una fortuna. Nosotros no llevamos ropa ni alimentos, nos enfocamos netamente en la asistencia sanitaria, así que el combustible es vital.
Reconocimiento y el factor humano
Tomamos nota y vamos a dejar todos los links de contacto para que la gente colabore con el combustible. Para ir cerrando, Eli... El año pasado te dieron el premio a la Médica Solidaria del Año en Córdoba. Un mimo al alma tremendo impulsado por tus propios pares y la comunidad. ¿Qué significó para vos y para el equipo de locos lindos que te acompaña?
Dra. Elizabeth Macedo: (Se le iluminan los ojos) Fue un verdadero mimo al alma, tal cual. Los reconocimientos al esfuerzo y al trabajo siempre son bienvenidos, y para nosotros son el combustible que el equipo necesita para seguir metiéndole. A todos nos dio una alegría inmensa. Yo soy la cara visible o la coordinadora, pero atrás hay un grupo fijo que es el motor de todo esto, que viene viajando hace casi diez años y le pone el cuerpo a cada operativo. Que te reconozcan te valida que el esfuerzo vale la pena.
Totalmente merecido, Eli. La última: después de tantos años de meter los pies en el barro y ver realidades tan complejas, ¿qué le dirías a esos jóvenes profesionales de la salud que sienten la inquietud pero quizás no se animan a dar el salto al voluntariado?
Dra. Elizabeth Macedo: Les diría que siempre hay tiempo para ser solidario. Y que no hace falta viajar miles de kilómetros al Chaco Salteño para ayudar; uno puede ser solidario en el día a día, en su entorno, con el vecino, en su propio barrio. Lo importante es que si sienten ese deseo de ayudar y de brindarse a otros, busquen la manera de canalizarlo. En la ayuda humanitaria, el recurso humano es lo más difícil de conseguir; insumos o aparatos van y vienen, pero la gente comprometida que dona su tiempo vale oro. Anímense, porque posta te cambia la forma de ver la vida y la profesión.
El valor del eslabón humano donde la asistencia no llega
El testimonio de la doctora Elizabeth Macedo expone con crudeza y sensibilidad una realidad que duele, pero también demuestra el impacto transformador que tiene la acción civil organizada. El trabajo de LAWHO en parajes aislados como Santa Victoria Este no es una intervención médica aislada; es una muestra palpable de constancia, escucha activa y respeto intercultural en contextos donde las barreras geográficas y climáticas parecen insalvables. En un territorio donde la falta de agua potable, los caminos intransitables y la desnutrición marcan el pulso cotidiano, la presencia sostenida de estos voluntarios devuelve la dignidad y garantiza el derecho humano básico a la salud.
Esta experiencia nos invita a reflexionar sobre la importancia crucial de las organizaciones no gubernamentales y de cada persona voluntaria que decide que la indiferencia no es una opción. Sostener estas estructuras requiere tecnología, laboratorios que provean insumos y recursos económicos para el combustible; pero, tal como destaca la doctora Macedo, el componente más escaso y valioso en la ayuda humanitaria es el recurso humano.
Frente a la emergencia y el desastre, la infraestructura puede reconstruirse, pero es la voluntad de las personas que brindan su tiempo y sus conocimientos lo que verdaderamente permite renacer de las adversidades. Ser solidario no exige una logística monumental; empieza con la decisión de mirar el entorno y entender que, allí donde hace falta, la ayuda de cada uno de nosotros cuenta.

Nota del editor: Si querés colaborar con los operativos de LAWHO para el financiamiento de combustible y logística médica en el Chaco Salteño, comunicate a través de su cuenta de Instagram oficial @lawho_medicos_voluntarios o escribiles por mail a [email protected] ¡Tu eslabón suma!
Carlos Montaldo

